Oficio de pobre

oficiosAyer, mientras leía sendos artículos de mi pelusita, comprendí una vez más por qué jamás me atrevería a ser periodista. Y aunque fui bueno en español desde la primaria, no me alcanza. Es necesario ser mucho mejor. Fui bueno desde niño por mi sensibilidad humana, pero no alcanza ser bueno. Para ser periodista hace falta ser el campeón de la sensibilidad humana.
Tampoco mi carácter ayuda. Acelero como un Ferrari y me llevo las luces rojas de la vida. Es mejor ser fuerte y rápido. Pero estable y elegante como un Volga 24. Porque además el Volga, es el Cadillac de la izquierda. Y ahí es donde está la verdadera esencia del periodismo. En la izquierda.
Ya me perdí. Me rendí ante las delicias de la vida. Quiero consumir un poco antes de que se me agote este nanosegundo que me asignó el Big bang. A mi pelusa también le gusta consumir. Pero con más apego a las necesidades básicas y a los derechos universales (salud, educación, alimentación sana, sexo responsable, libertad de expresión verbal y corporal)
Como si no fuera suficiente, se me acumulan más defectos. Tengo la voz hermosa. Radial, según una reconocida locutora. Y como sé que el punto G está en el oído (quien lo busque más allá está perdido) hablo más de lo que escucho sin prestar atención a un milenario proverbio. Dios hizo al hombre con una boca y dos oídos para que diga la mitad de lo que escucha. Nuevamente Gelsy me saca ventaja. Con una voz lindísima y un español de campeonato, escucha como nadie. Porque su gran secreto está en reconocer que su oficio no tiene ni salario ni glamour. Solo reconocimiento social. Hay empleos con salario o con clase. Hay empleos incluso con las dos cosas. Hasta en mi pueblo hay empleos así y muchas personas lo ejercen.
Pero solo hay en mi pueblo dos licenciados en periodismo, un relojero, un cerrajero y un cura. Representan, para mí: la puntualidad, la honestidad. A Dios. Y a Martí.
(otro post de Enrique, para todos los segudidores de gelenporcuba)

Del #accidente en #Guáimaro, la historia no contada

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4Lo más importante es la vida de las personas, y eso nadie lo duda. Por eso desde el día del accidente en Guáimaro en el pueblo no se habla de otra cosa que de ese susto tan grande, traumática situación, que puso a prueba nervios y capacidades quizás desconocidas hasta el momento.
A las pocas horas, ya Radio Guáimaro daba detalles del incidente, tanto por su programación tradicional como por la página digital, y desde entonces hasta hoy se ha mantenido la información de la evolución del estado de salud de todos los hospitalizados.
Pero lo que nadie ha contado es el impacto de la mirada de miedo y alegría a la vez de los más de 50 muchachos y muchachas que venían en ese camión particular aquella mañana de domingo, ni lo hondo que puede calar que un adolescente de 17 años te diga que cuando logró salir de aquel tumulto que le oprimía el pecho y no le dejaba casi ni respirar se sentó en la hierba a llorar y a reírse, primero porque habían pasado el mayor susto de su vida y segundo porque todavía estaban vivos.
Tampoco cuentan que todos ellos en el hospital, con heridas, quemaduras, brazos o piernas que no podían mover, con toda la ropa manchada de sangre propia o ajena, algunas rotas y llenas de fango, se preocupaban por el resto tanto como por la salud propia, y preguntaban por los que no veían, y se animaban de que ya lo peor había pasado y ahora debían celebrar que habían nacido, y cedían su puesto en la cola para los exámenes a aquellos que se veían peor. Todos estaban asustados, adoloridos, lesionados, pero ninguno egoísta.
Tampoco se ha dicho, y es de significar, la tremenda cantidad de recursos médicos que se pusieron a disposición de aquella catástrofe en el hospital, y su personal. Las incontables placas que les tiraron a los afectados (de cráneo, de tórax, de los diferentes miembors superiores o inferiores, a veces hasta tres rayos x a un solo paciente), las bolsas de sangre para transfusión, los vendajes, los yesos para inmovilizar, los sueros, las agujas para suturas, los medicamentos. A esa hora sí que no hubo un “no hay”.
Igual estaban los doctores y doctoras, enfermeros y enfermeras, técnicos, asistentes, de todas las especialidades, en función en ese momento del cuerpo de guardia y de atender, con calidad y lo más rápido posible, a todos esos jóvenes. Incluso llegaron los que estaban de descanso para apoyar, y luego en la noche entraron normalmente a su turno de trabajo, al igual que quienes salían de su guardia aquella mañana y demoraron en terminar.
El hospital regional Armando Enrique Cardoso se puso todo a disposición de los necesitados, con bastante organización (hay que reconocerlo) y con todo su consejo de dirección al frente. Asimismo llegaron de inmediato los oficiales de la Policía Nacional Revolucionara y representantes del Partido y el Gobierno en el municipio para preocuparse y ayudar en lo que se requiriera.
Por fuera, asomados en cada ventana, familiares, vecinos, amigos, conocidos y hasta extraños que con cara de susto y pesar intentaban reconocer a los suyos entre los atendidos. Pero una vez más se preocupaban todos por todos, porque al final aquel camión traía a los hijos o parientes de medio Guáimaro, que como jóvenes al fin se habían ido a disfrutar de los carnavales en Sibanicú.
Y ahora que la tragedia nos golpeó (aunque por suerte y profesionalidad de los médicos no se lamentan pérdidas humanas) ¿les vamos a reprochar a los muchachos que se hayan ido a divertirse? NO, de lo que debemos lamentarnos es de que la vida de nuestros familiares o amigos se arriesgue en la carretera porque la única opción de transporte que tienen para regresar a casa cuando termina la fiesta son los camiones particulares, que en su gran mayoría no reúnen las condiciones técnicas y sus choferes son unos inexpertos, sin contar la alta dosis de irresponsabilidad que se inyectan en cada sobrecarga de pasajeros o de velocidad.
De cualquier manera, es cierto que el peligro está ahí para todos los que viajamos, pero a veces es cuestión de que como no queda otro remedio tentamos al destino montándonos en una de esas mortales bestias.
Como me dijo alguien muy cercano al accidente: cada vez que un camión particular tuviera un accidente deberían picarlo en trocitos y mandarlo para materias primas para que ese ya no pusiera en riesgo la vida de nadie más. Y quizás así ya fueran quedando menos. Total, a veces es mejor quedarse, que quedar en el camino.
(Fotos tomadas del sitio digital de Radio Guáimaro)

La bicicleta

bikeAl final no sé si es la historia de la borrachera o de la bicicleta, pero todo sucedió de una manera muy espontánea.
La cosa se oye muy simple y hasta cómica: -“Despertó en su casa sin saber ni cómo llegó y mucho menos dónde había dejado la bicicleta”, me cuentan. -“Pero lo más gracioso fue que la recuperó porque le avisaron de que por la radio estaban dando una nota de que en la Policía había una bicicleta con las características de la de él, para que el dueño fuera a recogerla”.
De quién se trata no diré porque así puede sucederle a cualquiera que se exceda de tragos más a menudo de lo normal, y el alcohol, como ya sabemos, te deja la cabeza mala. Cuando me hicieron el cuento me lamenté por el afectado, no porque perdiera la bicicleta, sino por ver hasta dónde ha llegado de la mano de la bebida. Y al mismo tiempo, como trabajadora de la emisora al fin, pensé en el rol tan importante que desempeña esta radio comunitaria para su pueblo, y me enorgullecí también de saber que todavía quedan personas con vergüenza, por difícil que parezca.
Así, la cosa pasó de ser algo gracioso de la cotidianidad guaimareña a una lección tremendísima de valores humanos y papel de la radio.
En síntesis: alguien se encontró la bicicleta en el portal de su casa, y como no sabía de quién era la llevó para la Policía, alguien acudió a la emisora para que dieran la nota por la radio, y alguien la oyó y fue a avisarle al dueño de la bicicleta perdida. Eso fue lo que se regó.
Pero detrás de todos esos “alguien”, y he aquí lo que me maravilla de esta historia, hay, obviamente, gente de este pueblo que es humilde pero muy honesta, incapaz de apropiarse de lo que no es suyo, y hay gente que le da la mayor importancia a la radio, esa que se hace para la comunidad.
Esta gente, por supuesto, tiene nombre. Se trata de Rubén Antonio Hernández Valdés, vecino de Avenida de los Mártires número 49, entre Adolfo Núñez y Remigio Riverón, en el reparto La Feria. Este hombre, que es jubilado pero tiene un contrato de trabajo en la UBPC Consitución de Guáimaro, de esta ciudad, fue el que se encontró la bicicleta en el portal de su casa y la entregó en la Policía, porque lo que sí tenía claro, era que no le pertenecía a él ni a nadie de su familia. Su hijo: Rody, fue el que puso la nota en la radio para que el dueño de la famosa bicicleta pudiera recuperarla.
Y por ahí andan todos: Rubén, Rody y el dueño en su bicicleta, con las mismas preocupaciones y los mismos enredos de cada guaimareño, sin siquiera saber que son los protagonistas de esta historia, y quizás sin ser conscientes de que con su actitud, han dado lecciones de vida que valen mucho más que una simple bicicleta.

Fidelina

fidel-entre-nosotros-90Nunca me he atrevido a escribir sobre esto, quizás por temor a no quedar a la altura por ser tan cercana. Realmente siempre la pienso para el inicio de año, cuando toda Cuba celebra el triunfo de la Revolución, pero hoy se me ha ocurrido que puede encajar mejor, y sería MI homenaje. Al final, es una historia de familia.
Cada vez que me preguntan la fecha del cumpleaños de mi mamá la respuesta sorprende. “¡Ño!”- dicen muchos- “qué coincidencia”. Y hoy estamos hablando de cumpleaños, así que…
No, mi mamá no nació un 13 de agosto, como Fidel, el que cada cubano auténtico y amigo de Cuba de verdad hoy celebra. Nació no un primero de enero, el primero de enero de 1959. Sí, coincidencia, pero feliz… quizás hasta un poco estresante, (para ella, diría yo, por el compromiso), y honorable (sobre todo para mi abuelo, lo aseguro).
Por eso me encanta decir que la edad de mi mamá nunca me confunde porque tiene los mismos años de la Revolución, y que cuando por fin Cuba conquistaba su definitiva independencia por fin mi abuela estaba pariendo, para traer al mundo a su tercer hijo (número del éxito el 3, dicen algunos), o en este caso hija, y bueno, lo mejor de todo es decir cómo se llama mi mamá, debido a la fecha, claro.
Ay! Perdón, aún no he dicho el nombre de mi mamá, y es al final el sentido de este escrito. “Niña se te fue el periodismo para los calcañales –pensarán- ¿dónde dejaste el lead con lo más importante de la noticia en el inicio?” Bueno, señores, es que esto no pretende ser un trabajo periodístico. En fin…
Mi mamá se llama Fidelina. Obvio, por Fidel, el Castro Ruz que todo cubano conoce, admira, respeta, etc. Y sí, queda claro que si hubiera salido varón se llamaría Fidel, pero bueno, esa fue la salida más femenina posible. ¿Y por qué escribir de eso hoy? Pues…obvio, porque ahora la orgullosa soy yo, de poder decir que sin haberlo visto nunca en persona yo lo llevo un poquito más cerca que muchos, y pudiera casi decir que lo siento como familia.
¿No hay que exagerar? Bueno, se me fue la mano. Pero el que conoce a mi mamá quizás pueda decir que no se me fue tanto, porque en el fondo, siempre ha rendido honor a su nombre. Una mujer de carácter fuerte pero extremadamente sensible, segura, honesta, fiel, responsable, sencilla. Quizás no tan atrevida o emprendedora, pero siempre preocupada por hacer las cosas bien, y le salía…y le sale, que aún está viva y doy gracias por ello.
Toda una vida comprometida con dar buen ejemplo, con cumplir de la mejor manera posible con su nombre, con rendir tributo a mi fallecido abuelo que con tanto fervor defendía siempre al Comandante, y le dedicaba décimas que declamaba en el barrio con tanto corazón que no había gente que no se emocionara. Hasta un libro quería hacer con una compilación de aquellas leales inspiraciones, y ya tenía el título: Fidel, faro y guía de la humanidad. La enfermedad no lo dejó realizar su sueño. Hoy le hubiera dedicado una especial al hombre que tanto admiró.
Y sobre esos principios y con esos valores se formó y educó mi familia. Por eso creo que hoy es el mejor día para contar esta historia, justo cuando desde todas partes del mundo y en cada rincón de esta isla se celebra el cumpleaños de Fidel, inspiración de generaciones. Ella, mi madre, la Fidelina que conocemos, es una de las encarnaciones del ejemplo de Fidel en todo un pueblo, y este orgullo, el de su hija, por el nombre y por ser la persona que es y que le dio cuerpo y alma a esas letras, es mi regalo a los 90 del Comandante.

#Fidelentrenosotros en el barrio (más fotos)

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6Todo empezó como cosa de familia y terminó como cosa de barrio.
La tarde estaba tranquila, sol y calor infernal, cada vecino trancado en su casa, en su mundo, en su vida. Y de pronto, el ajetreo; el sol bajó, el calor aminoró, y la calle se llenó de gentes, de azadones, de escobas, de sacos. Salieron grandes y chicos, cada cual ayudaba como podía, cada uno se encargaba de su parte y entre todos nos encargábamos de la cuadra.
Y todo sin ponernos de acuerdo, sin que nadie lo orientara o supervisara, nos salió. Hasta una tiza apareció para, de la forma más humilde y sencilla, dedicarle aquella mini-revolución cederista a una fecha que todo cubano celebra: el cumpleaños 90 de Fidel. Y bueno, apareció una foto, una bandera, una buena intención.
Ah! Y esta noche hay caldosa en el barrio, así que ya saben, ahí nos vemos.

Yo apuesto por nosotros

we
love
yesHace 8 años tocaste a la puerta sin imaginar siquiera que sería yo quien abriría. Hace 8 años apostamos todo a la locura, a la pasión, a la aventura, al amor que sin saberlo ya nos embriagaba, y no había momento, ni lugar, ni día, ni hora, que no fuera bueno para amar. Y hasta ahora vamos ganando.
Hace 8 años decidí enfrentarme a todo, luchar con todo, quererlo todo, y he aquí el resultado. No me he arrepentido ni un segundo después de aquel momento en que apareciste por la más pura coincidencia, sorpresa de la vida, y sin decir palabra retomamos ese sabor inigualable que solo saben regalar nuestros labios cuando se juntan, y esa emoción sin límites de dos cuerpos y dos almas que se funden en una. Y allí volvió a empezar todo, pero esta vez de verdad, y al menos por mi parte, para siempre. TE AMO
Para todo el que dudó, hoy hago un brindis por nosotros. Chin, chin, salud…y apoya, que ya sabemos lo que viene después jajajajajajaja