Las dos caras de la moneda #MigraciónSegura #CubaUS

blogLa tarde de este 12 de enero de 2017 marcó un antes y un después en la historia de la migración entre Cuba y Estados Unidos. Las reacciones son diversas ante la noticia, la repercusión es amplia, la decisión del saliente presidente Barack Obama acapara titulares en todo el mundo, las redes sociales se abarrotan de enlaces y comentarios, se pronuncian diferentes gobiernos de la región, satisfechos con el fin de una política que convirtió a sus naciones en puentes mientras incitaba a la emigración ilegal de los cubanos y los favorecía con tratamiento preferencial al llegar sin visa al país norteño… ¿y en el marco más estrecho, el nivel micro, el seno familiar de aquellos que por propia ceguera (o claridad, eso depende del punto de vista) salieron buscando una “luz” (aunque engañosa)?
Mientras muchos celebran este nuevo paso entre Washington y La Habana hacia la normalización de las relaciones bilaterales, otros –que no se puede decir que sean pocos – se lamentan. Y esa es una realidad en la Isla que ignorarla sería de ingenuos. De hecho, no es secreto para nadie la gran cantidad de hombres y mujeres que han apostado todo, literalmente, a una carrera de conquistas (o conquistados) donde sufren, se arriesgan, se lo juegan todo… y pueden ganar (dinero, no felicidad, o como lo vea cada quien desde su perspectiva), o perderlo TODO.
¿Saben qué recuerdo ahora? Desierto, la película mexicana, premiada en el recién terminado Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, que tenía a todo el público interactuando con la historia, estremecedora. Y pienso en los tantos que en la vida real han sido los protagonistas de la trama, amén del final.
Hoy no se desaprueba el acuerdo entre ambos países, en el importante afán de garantizar una migración regular, segura y ordenada; a ciencia cierta se aplaude por su significación, pero no es menos cierto que ahora mismo en muchos hogares hay preocupación, tristeza, desconcierto, porque es uno de los suyos el que ha puesto su vida a la deriva, y su futuro está en una especie de limbo, con una mochila repleta de incertidumbres. Y los tantos que decidieron partir sin siquiera una despedida, en secreto, en su manera muy particular de intentar proteger a la familia, o cuidarse ellos mismos, o al menos ocasionar el menor daño posible.
Unos les reprochan, otros no entienden, pero al final es cuestión de cada quien, y al menos a mí, me enseñaron a respetar las decisiones ajenas.
¿Qué pasará ahora? La pregunta del millón. Cómo encarar lo que creían pasado y se vuelve presente recurrente, aún más desafiante.
Cada persona asume la realidad según su experiencia y la “objetividad” asoma según lo cerca o lejos que nos toque. Hay quien ve estos acontecimientos como cuestiones de política, a nivel de gobierno, distante de su individualidad, toda vez que no tiene dolientes cercanos; hay quien lo ve mucho más personal; incluso están los que no lo perciben tan lejos porque se trata de SU país, y por ende de su destino como pueblo, con repercusiones que llegarán, y tocarán, de una u otra manera.
¿Por qué entonces mantenernos al margen? ¿Por qué inclinar la balanza hacia una sola arista?
Esto sin dudas es un proceso harto complejo y donde influyen muchos factores. No pretendo tampoco hacer un análisis de implicados o implicaciones. Quiero aferrarme a que, por encima de todo, somos seres humanos, y esto es un asunto con profunda esencia humanitaria; pero si incluso eso no bastare, si alguien no se convenciera de su necesaria comprensión, yo soy de las que prefiere ver ambas caras de la moneda. Al menos así quiero contarlo, y que me lo cuenten.

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