#Lluvias de #octubre

El aguacero de la tarde, la noche lluviosa, el amanecer gris. El suelo está saturado, los techos húmedos, cubos listos para las filtraciones, escobas a mano para sacar el agua entrometida.
El barrio extraña el sol, la gente lo quiere también. Está fresco el día, es cierto, pero la recién parida ya no sabe cómo secar los pañales, y los uniformes enfangados cada tarde igual deben alistarse para la próxima jornada. Es difícil.
La calle escurre a la primera gota; entre escampadas, cambia el diseño de zanjas, muros y desagües buscando facilitar el cauce del “río” y no las inundaciones. Los vecinos miran al cielo y se preparan para lo que ya parece rutina mientras los niños esperan con ansias ese rato de diversión “danzando bajo la lluvia”.
Es inevitable, la calma anuncia que hoy la historia se repite.

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